Históricamente a las mujeres se nos ha enseñado a competir entre nosotras, a desconfiar, a pensar que el éxito es individual y que las oportunidades son escasas. Estas enseñanzas han debilitado las redes de apoyo entre mujeres, especialmente en contextos profesionales, comunitarios y de liderazgo.
A esto se suma una socialización desigual en la toma de decisiones. Mientras a los hombres se les ha impulsado a decidir sobre lo público, lo económico y lo profesional, a las mujeres se nos ha relegado a decidir sobre lo doméstico y lo privado. Esta brecha impacta directamente en la confianza para asumir riesgos, liderar proyectos, emprender y participar plenamente en la vida pública.
Apostamos por el desarrollo basado en la colaboración, la sororidad y el apoyo mutuo, entendiendo que los procesos colectivos fortalecen más que los esfuerzos aislados.
